El Golpe de Estado ejecutado por las Fuerzas Armadas de Brasil el día 31 de marzo de 1964 contra el Gobierno democrático y progresista liderado por João Goulart, significó el inicio de un ciclo histórico oscuro y doloroso para los pueblos de nuestra América, marcada por la regresión antidemocrática y oligárquica, gobiernos dictatoriales y autoritarios, y masivas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos.

En tal sentido, las declaraciones oficiales del actual gobierno brasileño, quien mediante su Ministerio de Defensa emitió un comunicado donde hace un llamado a “comprender y celebrar” los acontecimientos iniciados en aquel día, señalándolo como un “movimiento” y no un Golpe de Estado, y calificando la acción del régimen dictatorial como una “pacificación del país”, merecen el más absoluto repudio de parte de todas las voluntades y organizaciones democráticas de la región, además de significar un nuevo llamado de atención acerca del perfil del gobierno encabezado por Jair Bolsonaro, y la amenaza que supone la irrupción de tendencias o fuerzas similares y aliadas a la que encabeza el actual presidente brasileño, en otros países de nuestro continente.

En efecto, tal llamado no es nuevo ni un hecho aislado en la trayectoria del actual mandatario brasileño ni de su gobierno. Recordado es su saludo al Coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, torturador de la dictadura, en el marco de la votación en la Cámara de Diputados del juicio político o “impeachment” a la entonces Presidenta Dilma Rousseff, en abril del 2016. Más recientemente, siendo presidente, Bolsonaro llegó a calificarlo como “héroe nacional”, además de, entre otras señales de simpatía hacia íconos y referencias de la dictadura brasileña pedir el regreso de las celebraciones del golpe al interior de los cuarteles militares. Esto último no ha prosperado tal como ha querido, pero sus propias declaraciones, como asimismo, comunicados oficiales como el aquí comentado del Ministerio de Defensa, representan un preocupante llamamiento a los sectores más reaccionarios y a la extrema derecha presente en las Fuerzas Armadas y en ciertos sectores de la sociedad brasileña.

Lo anterior constituye, además, una acción en abierta oposición a los principios y valores democráticos reconocidos por la comunidad internacional, y reconocidos en instrumentos como la Carta Democrática Interamericana de la Organización de Estados Americanos, y la Declaración Universal de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas.

En tal sentido, desde el Foro Latinoamericano de Derechos Humanos solidarizamos con las fuerzas democráticas del hermano pueblo brasileño, con sus organizaciones de Memoria y de Derechos Humanos, a la vez que hacemos un llamado a la denuncia y condena del perfil autoritario y extremista del gobierno liderado por Jair Bolsonaro, y en particular en esta ocasión, por su intento de re-escribir con sentido negacionista, la historia acerca del Golpe de Estado del 31 de marzo y la execrable dictadura que asoló Brasil entre 1964 y 1985.